Poesia i Música

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dimecres, 24 de novembre de 2010

El violoncelista de Sarajevo


Vaig conèixer personalment a Vedran Smailovic, el primer violoncel·lista de l'òpera de Sarajevo que durant el setge, malgrat els obusos i els franc-tiradors, desafiant la por i la guerra, tocava cada dia l'Adagio d'Albinoni, vestit de concert.

Música rebel contra la barbàrie. Reivindicació d'un món en el que l'art ens alliberi de la por i l'odi. David Wilde, un compositor anglès commogut per aquesta història, va composar un solo de violoncel, titulat "el violoncelista de Sarajevo". Yo Yo Ma va interpretar aquesta obra en el Festival Internacional de Violoncel de Mancehster al 1994. A continuació llegiu la crònica que en va fer Paul Sullivan, pianista: «Discreta, casi imperceptiblemente, la música comenzó a sonar y a propagarse por el auditorio, creando un universo vacío, lleno de sombras, ominoso, con la presencia de la muerte acechando en sus ecos. Lentamente fue creciendo y convirtiéndose en un furor agonizante, desesperado, fulminante, que nos arrebató a todos antes de ahogarse en un último estertor; y después, desapareció en el silencio del cual había brotado. »Cuando acabó, Yo Yo Ma siguió inclinado sobre su violoncello. El arco descansaba aún contra las cuerdas. Nadie de los presentes se movió; durante mucho, mucho rato no se oyó el menor ruido. Era como si acabásemos de presenciar la horrible masacre. Finalmente, aún en silencio, Yo Yo se irguió despacio en la silla, miró al público y alargó una mano hacia nosotros. Todos los ojos la siguieron mientras invitaba a subir al escenario a alguien, y una conmoción eléctrica, indescriptible, nos sacudió al caer en la cuenta de que se trataba de Vedran Smailovic, ¡el violoncelista de Sarajevo en persona! Se levantó de su asiento y recorrió el pasillo; Yo Yo bajó del escenario y caminó por el mismo pasillo en su dirección. Al encontrarse, ambos se abrazaron apasionadamente a sólo unos centímetros de donde yo me encontraba. »La tensión era indescriptible; todos los presentes saltaron del asiento y estallaron en un delirio emocional caótico: aplaudían, lloraban, gritaban, se abrazaban y vitoreaban. Era una ola de emoción ensordecedora, arrolladora. Y, en el centro de la misma, aquellos dos hombres, aún abrazados y llorando sin pudor. Yo Yo Ma, el sofisticado y elegante príncipe de la música clásica del mundo entero, impecable en su apariencia y su actuación. Y Vedran Smailovic, que acababa de huir de Sarajevo, vestido con una chaqueta de motociclista, ajada y sucia, con flecos en las mangas. Su melena despeinada y su denso bigote enmarcaban un rostro que parecía contar más años de los que en realidad tenía, contraído por el dolor y bañado por infinidad de lágrimas».

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